SOBRE MÍ · NEREA

Mi lugar no estaba fuera.
Mi lugar era yo.

Durante mucho tiempo pensé que encontrar mi lugar significaba encontrar algo fuera de mí. Algo que me dijera que estaba preparada, que podía ocupar espacio, que tenía algo valioso que ofrecer.

Con el tiempo entendí otra cosa: no necesitaba convertirme en otra persona. Necesitaba empezar a escucharme.

Nerea · KaruNāda
Nerea practicando

Durante mucho tiempo me hice pequeña.

Soy una persona introvertida. Durante años me costaba hablar delante de un grupo, cantar delante de otras personas o simplemente mostrar algo mío sin preguntarme antes si sería suficientemente bueno.

Había una voz que comparaba, juzgaba y buscaba señales de aprobación. Una voz que me hacía pensar que quizá lo que yo tenía que decir no era tan importante.

El miedo no desapareció de un día para otro. Y, de hecho, a veces sigue apareciendo. La diferencia es que ya no tiene por qué decidir siempre por mí.

La práctica no me convirtió en otra persona.

El yoga, la música, el mantra y el harmonium me ayudaron a escuchar algo que ya estaba ahí. A reconocerme. A darme espacio. A dejar de esperar a sentirme completamente segura para poder aparecer.

Y poco a poco empecé a entender algo:
lo que tengo que compartir, importa.

No porque tenga que ser extraordinario. No porque tenga que gustar a todo el mundo. Sino porque cuando comparto desde un lugar real, conecto. Y muchas veces son otras personas las que me devuelven cosas de mí que yo todavía no había sido capaz de ver.

El sonido fue una de mis grandes puertas.

Recuerdo mi primer contacto con el kirtan, la sensación de cantar junto a otras personas y descubrir que la voz podía ser mucho más que algo que “hacer bien”.

Durante la pandemia llegó el harmonium. Empecé a tocar sin sentirme música, sin pensar que algún día lo enseñaría. Simplemente me acompañaba.

Con el tiempo entendí por qué esa palabra me importa tanto: acompañarte. El harmonium me enseñó literalmente a acompañar mi propia voz. Y, de alguna manera, también emocionalmente.

Nerea tocando el harmonium

KaruNāda

Karuṇā significa compasión. Para mí empieza por cómo me trato mientras aprendo, mientras dudo, mientras me equivoco, mientras tengo miedo.

Nāda significa sonido. La voz, la música, la vibración, la escucha. Todo aquello que encuentra una forma de expresarse.

Me escucho → me reconozco → me permito estar → me atrevo a sonar → comparto.

MANIFIESTO KARUNĀDA

Durante mucho tiempo pensé que encontrar mi lugar significaba encontrar algo fuera de mí.

Un sitio al que pertenecer.
Una forma correcta de estar.
Una versión de mí que encajara mejor.

Me comparaba. Dudaba. Me hacía pequeña.

Veía en otras personas todo aquello que yo creía que me faltaba y, en lugar de dejar que me inspirara, muchas veces utilizaba esa comparación para alejarme de mí.

También me daba miedo mostrarme.

Hablar.
Cantar.
Equivocarme.
No gustar.
No estar a la altura.
No ser elegida.

Y, poco a poco, la práctica empezó a enseñarme otra cosa.

Que mi lugar no estaba fuera.
Que mi lugar era yo.

No porque desaparecieran las dudas.
No porque dejara de sentir miedo.
No porque de repente supiera perfectamente quién era.

Sino porque empecé a escucharme de otra manera.

A dar espacio a una voz más profunda que esa voz que juzga, compara y cuestiona.

A comprender que no necesito dejar de tener miedo para poder estar.

Que no necesito convertirme en otra persona para ocupar mi espacio.

Y que cuando me permito mostrarme tal y como soy, sucede algo que durante mucho tiempo no fui capaz de ver:

conecto.

Lo que tengo que compartir importa.

Karuṇā.
Compasión.

La manera en la que me miro cuando no necesito exigirme ser otra.

El espacio que me doy para dudar, equivocarme, aprender, sentir vergüenza, empezar de nuevo.

Una compasión que no significa conformarse ni dejar de crecer.

Significa dejar de utilizar a los demás como medida de mi propio valor.

Puedo admirar.
Puedo inspirarme.
Puedo aprender.

Sin hacerme pequeña en el proceso.

No necesito estar a la altura de otra persona. Mi referencia está en mí.

Nāda.
Sonido.

La voz que aparece cuando dejo de intentar hacerlo perfecto.

La música que nace antes de saber si es suficientemente buena.

El mantra que repetimos hasta que dejamos de preocuparnos tanto por cómo sonamos.

El harmonium que acompaña.

La respiración.
El cuerpo.
El silencio.
La voz de una persona que se encuentra con la voz de otra.

Para mí, sonar no significa hacer ruido.

Significa permitirme estar.

Dar espacio a aquello que vive en mí y dejar que encuentre una forma de expresarse.

Por eso KaruNāda no nace únicamente para enseñar yoga, harmonium o mantra.

Esas son algunas de las puertas.

La práctica es el camino.

Pero lo que me importa es lo que puede suceder dentro de ese espacio.

Que puedas sentirte escuchada sin juicio.
Valorada sin tener que demostrar nada.
Segura para compartirte.

Que puedas equivocarte sin sentir que has perdido tu lugar.

Que puedas aprender sin competir.

Que puedas mirar a la persona de al lado y encontrar inspiración en vez de una razón para sentirte menos.

Que puedas recordar que tu voz no necesita ser la más fuerte para tener un lugar.

No quiero acompañarte desde la idea de que yo ya he llegado a alguna parte.

Yo sigo practicando.
Sigo aprendiendo.
Sigo dudando.
Sigo sintiendo miedo algunas veces.
Sigo encontrándome con esa voz que juzga.

Pero ahora sé que no tiene por qué decidir por mí.

Por eso, cuando alguien me dice que siente vergüenza, que no sabe cantar, que no tiene conocimientos musicales o que tiene miedo a hacerlo mal, no puedo mirarla desde arriba.

Conozco ese lugar.

También he estado ahí.

Y algunas veces sigo estando.

Quizá por eso una parte importante de mi manera de enseñar consiste simplemente en poder decir:

yo también.

Quiero que KaruNāda sea un espacio donde no tengas que impresionar a nadie.

Donde la práctica no sea otra manera de demostrar cuánto sabes, cuánto puedes o cuánto has avanzado.

Donde podamos tomarnos en serio sin volvernos solemnes.

Donde haya profundidad, pero también humor.
Sensibilidad, pero también ligereza.
Disciplina, pero no castigo.
Aprendizaje, pero no competición.
Presencia, pero no perfección.

Y quiero que, poco a poco, puedas descubrir algo que para mí ha sido fundamental:

que compartirte no es ocupar demasiado espacio.

Compartirte puede ser un regalo.

Tu manera de cantar.
Tu sensibilidad.
Tu historia.
Lo que sabes.
Lo que todavía estás aprendiendo.
La forma en la que escuchas.
La manera en la que acompañas.
Aquello que solo tú puedes expresar desde tu experiencia.

No necesitas saber de antemano cómo va a recibirlo el otro.

No necesitas que le guste a todo el mundo.

No necesitas ser la mejor.

Necesitas permitirte ofrecerlo.

Porque quizá una de las cosas más bonitas que pueden ocurrir cuando dejamos de escondernos es descubrir que otra persona se reconoce en aquello que hemos tenido el valor de compartir.

Que nuestra voz puede hacer que otra recuerde la suya.

Que aquello que un día pensamos que no era importante puede ser precisamente lo que alguien necesitaba escuchar.

Y entonces la práctica deja de ser solamente algo que hacemos para nosotras mismas.

Se convierte también en encuentro.

Me escucho.
Me reconozco.
Me permito estar.
Me atrevo a sonar.
Comparto.

Eso es KaruNāda para mí.
Compasión y sonido.

MANIFIESTO KARUNĀDA

Durante mucho tiempo pensé que encontrar mi lugar significaba encontrar algo fuera de mí.

Me comparaba. Dudaba. Me hacía pequeña. Me daba miedo mostrarme, hablar, cantar, equivocarme, no gustar.

Poco a poco entendí otra cosa:

Mi lugar no estaba fuera.
Mi lugar era yo.

No porque desaparecieran las dudas o el miedo, sino porque empecé a escucharme de otra manera. A dar espacio a una voz más profunda que esa voz que juzga, compara y cuestiona.

Y cuando me permito mostrarme tal y como soy, conecto.

Lo que tengo que compartir, importa.

Karuṇā es compasión: aprender sin castigarme, equivocarme sin hacerme pequeña y dejar de utilizar a los demás como medida de mi propio valor.

Nāda es sonido: la voz, la música, el mantra, el harmonium, la respiración, el cuerpo y también el silencio.

Para mí, sonar no significa hacerlo perfecto. Significa permitirme estar.

Quiero que KaruNāda sea un espacio donde puedas aprender sin competir, equivocarte sin sentir que pierdes tu lugar y compartirte sin tener que demostrar nada.

No acompaño desde un “yo ya he llegado”. Yo también sigo aprendiendo, dudando y encontrándome con esa voz que juzga.

Compartirte puede ser un regalo.

Porque a veces aquello que nos atrevemos a compartir hace que otra persona se reconozca, se inspire o recuerde algo propio.

Me escucho.
Me reconozco.
Me permito estar.
Me atrevo a sonar.
Comparto.

Eso es KaruNāda para mí.
Compasión y sonido.

Hoy acompaño desde aquí.

Soy profesora de yoga y acompaño procesos de aprendizaje con mantra y harmonium. Guío prácticas, encuentros y espacios de kirtan.

Pero no me interesa ocupar el lugar de quien tiene todas las respuestas. Me interesa compartir lo que voy aprendiendo y crear espacios en los que otras personas puedan explorar lo suyo.

No necesitas ser flexible para practicar conmigo. No necesitas conocimientos musicales para empezar con el harmonium. No necesitas tener una voz determinada para cantar.

Conozco este lugar porque
yo también lo habito.

Nerea · KaruNāda

Profundidad, sí. Pero también vida.

Me gustan los espacios profundos, pero no solemnes. La práctica puede convivir con la risa, las dudas, una nota que sale regular, una postura que hoy no aparece y una conversación que se alarga.

No busco crear una imagen perfecta. Prefiero que puedas encontrarte con algo real.

Yo también.

Si algo de todo esto resuena contigo, KaruNāda tiene distintas puertas por las que empezar.

Puedes practicar yoga, aprender harmonium, explorar el mantra o encontrarnos en un kirtan.